INTRODUCCIÓN
La reestructuración industrial y productiva que vivió México, durante los años noventa y recién iniciado el Siglo XXI, se llevó a cabo como respuesta al estancamiento industrial que pasaba la mayor parte de los sectores económicos del país, provocada entre otras causas, por la apertura comercial de México a la competencia internacional y a las diversas crisis económicas, las cuales han impactado de manera distinta los sectores industriales del país.
La industrialización reciente de México se ha caracterizado como un proceso de desarrollo industrial dividido en dos fases. En la primera, el proceso se define por la expansión y protección del mercado nacional de sus productos y su fuerza de trabajo. Esta fase, denominada la industrialización por sustitución de importaciones, cubre desde los años cuarenta hasta principios de los ochenta. La segunda fase, iniciada a mediados de los ochenta y continuada a la fecha, se caracteriza por la conformación de un nuevo modelo basado en la eliminación de las barreras comerciales, el fomento a las exportaciones manufactureras y una menor protección al mercado laboral.
La competencia internacional impulsada por la globalización, contribuyó a crear algunos nichos de mercado para algunos sectores industriales del país. A inicios de los años noventa se desarrollo la capacidad exportadora, a través de un grupo selecto de empresas manufactureras, principalmente empresas transnacionales. Sin embargo, importantes sectores industriales que crecieron bajo el manto del modelo de sustitución de importaciones, se vieron enfrentados por primera vez a nuevas condiciones de competencia y de incertidumbre económica a las que no estaban acostumbrados, viéndose obligados a reestructurase con el propósito de mantenerse en el mercado y algunos otros sectores y evitar la quiebra.
Pero también la globalización brindó oportunidades a que emergieran nuevos sectores industriales, aprovechando la apertura comercial, que bajo el fomento gubernamental del modelo exportador, nacieron laboralmente flexibles. Estas nuevas industrias, para enfrentar las recientes crisis y la incertidumbre económica, también debieron reconfigurar sus procesos productivos y además modificar las estructuras de su organización interna.
Para las industrias mexicanas, la apertura económica y la globalización de la economía, implicó un cambio profundo en sus estructuras organizativas, pues la presencia de la competencia internacional dentro del país y la necesidad de encontrar para su producción nuevos mercados en el exterior, requirió de la transformación de la estructura industrial que adquiere formas e intensidades muy diversas tales como la introducción de nuevas tecnologías, cambios en las bases organizacionales, modificaciones en el producto y en el proceso productivo, cambios en la provisión de insumos y en la distribución del producto, la búsqueda de nuevas relaciones laborales con una fuerza de trabajo, diferente en actitudes y calificaciones e incluso, en casos extremos, enfrentamiento a la quiebra (De la Garza, 1990).
Entonces, la reestructuración industrial no sólo representó la apertura de México hacia el comercio exterior, sino que también repercutió en la dinámica total de la industria mexicana modificando sus mercados de trabajo, sus procesos productivos y las trayectorias laborales, tanto en empresas públicas como del sector privado.
Generalmente, en el ámbito mexicano, la reestructuración industrial, se ha estudiado principalmente en las ramas industriales analizando, sobre todo, el proceso productivo sin concentrarse de manera profunda en otras áreas de la empresa.
L a complejidad que implica estudiar la reestructuración industrial, no puede ser reducida únicamente al estudio de cambios productivos, ya que existen otros factores dentro de las empresas que son fundamentales para entender los cambios que transforman a las industrias, tanto en su estructura interna de organización, como en los procesos productivos, y que a partir de estos cambios pueden afectarse las condiciones laborales de sus trabajadores.
Es decir, para enfrentar la reestructuración industrial y la crisis económica que vivió el país, las empresas del sector industrial tuvieron que reconfigurar no sólo sus procesos productivos, sino que debieron introducir nuevas formas de organización del trabajo en sus mercados internos, transformando sus estructuras con diferentes medidas de flexibilidad y de consenso en los procesos de la producción y de organización, buscando dar respuesta a la incertidumbre económica y a los cambios que presentaba la demanda de productos y el mercado laboral.
Estudios realizados en otros contextos han marcado que la reestructuración y sus efectos pueden verse a través de distintos factores, algunos de los cuales son los mercados internos de trabajo, la flexibilidad en el proceso de trabajo y las trayectorias laborales. Sin embargo, tradicionalmente, estos tres factores han sido estudiados de manera separada, sin enfatizar cómo estos factores están íntimamente relacionados y cómo el análisis de estos tres elementos pueden conducirnos a comprender cómo se transforma una industria, tanto en su estructura, como en sus procesos productivos, y cómo estos cambios pueden impactar a sus trabajadores.
Para ello, los efectos de la reestructuración industrial son analizados y estudiados a través de tres factores centrales para la evolución de las industrias, los mercados internos, la flexibilidad de los procesos productivos y las trayectorias laborales de la fuerza de trabajo sindicalizada. A partir de los años noventa, la industria nacional tradicional y la moderna se enfrentan a nuevas condiciones de incertidumbre y de competencia internacional, que obligan a transformar sus estructuras de organización y sus métodos de producción, así como las relaciones laborales con los trabajadores y el sindicato.
Estas transformaciones que han presentado ambas ramas industriales, la constituida como una gran industria, y la recién creada, tienen su origen en la incertidumbre que crea el estar enlazado a un mercado internacional cambiante, y sin un apoyo gubernamental suficiente, que al final hace que ambas industrias dependan de buscar estrategias competitivas que han provocado diversos impactos entre los trabajadores, especialmente a través de la precariedad de las condiciones laborales de sus trabajadores, ya sea en su estabilidad o sus prestaciones, o mediante la implantación de una filosofía que inserta al trabajador en la idea de calidad y eficiencia, aunque sin un pago correspondiente. La mayor o menor precariedad laboral y la aceptación mayor o menor de estas ideas de calidad y eficiencia, dependerá de la historia de la planta, del tipo de industria, de la historia sindical y de las propias características productivas y organizacionales de la industria. |