Cafeína: un psicoestimulante light, benefactor de adicciones mayores


IMPLICACIONES GENÉTICAS

Introduciéndonos en el apasionante mundo de la genética, para poder entender el proceso de la adicción a los psicoestimulantes, y muy privativamente de la adicción a la cafeína, tras ¡el gran boom! sobre el descubrimiento del genoma humano, independientemente de no haber cubierto las expectativas de algunas mentes hipertérmicas y quiméricas, nos brindó de inicio y como consecuencia de una interpretación inmatura, un cómodo pseudo-concepto: el determinismo genético, con el cual podíamos justificar hasta nuestros defectos conductuales, pues ello implicaba que tendríamos el gen de la pereza, el del mal humor, el de la infidelidad, el del tabaquismo, el de la improductividad, el del juego, el de la vida nocturna, es decir, todos los viejos demonios que las sociedades habían reducido a expresiones mínimas (antros ex profeso, agrupaciones de segregados sociales) y que la psicomitología freudiana encontraba en el tenebroso mundo del abismal inconsciente, expresados por el Ello y avivados por la libido (Freud, S. 1923); ahora podíamos manifestarlos y justificarnos en el azar genético, sin embargo, la ciencia genética pronto puso en contexto sus descubrimientos, y ubicó sus hallazgos génicos como un factor más a considerar en la interpretación de fenómenos, junto a factores sociales y psicológicos.

Y en éste contexto encontramos que los israelíes Richard Ebstein, director del S. Herzog Memorial Hospital de Jerusalén y el psiquiatra Robert Belmaker, interesados en la dopamina y la esquizofrenia, encuentran el gen fabricante del receptor para el neurotransmisor dopamina D4, el D4DR, (Hamer y Copeland,1998) que tiene, entre otros, la peculiaridad de contar con una secuencia hipervariable de dieciséis codones (triplete de Ac. Nucleico), lo que da una gran diversidad de respuesta a la dopamina entre una persona y otra, y al no poder relacionarla con su preocupación original, la esquizofrenia, buscaron terceras relaciones, y la encontraron con la respuesta a la búsqueda de novedades, hallando una relación estadísticamente significativa en una muestra de 124 personas normales, en las que encontraron que entre mayor longitud del gen D4DR, mayor deseo del sujeto de experiencias nuevas y estimulantes, y no podemos olvidar que la dopamina es una catecolamina (Cooper, et al 1974) muy relacionada con la estimulación del nucleus accumbens, un importante centro neurológico del placer localizado en la parte medio basal de la cabeza del núcleo caudado en lo profundo de nuestro cerebro (López Antúnez, 1979), tal vez la estructura en donde la psicomitología freudiana habría asentado la libido o el principio del placer (Freud, S. 1911) y en cuyo extremo opuesto y ricamente interconectados por haces neuronales, se encuentra la amígdala, el centro de las emociones. La dopamina no produce placer, pero sí apertura los cambios en la bioquímica cerebral para tal efecto, de tal manera que la búsqueda de emociones (deporte extremo, juego, sexo, drogas,) tiene un predeterminante genético que al combinarse con factores sociales y psicológicos podrá manifestarse y mantenerse estimulando nuestro centro del placer.

Por separado, veremos a otro neurotransmisor: la serotonina o 5-hidroxitriptamina (5-HTP), quien tiene que ver con el sueño y la vigilia, el estado de ánimo y las emociones, la dieta, la conducta sexual, algunos tipos de depresión y la conducta suicida (Brailowssky, 1995). Peter Lesch, de la Universidad de Würzburg, Alemania, localiza en el gen transportador de la serotonina, una peculiar estructura, un fragmento de ADN que influye en la expresión del gen, y encontraron que un 32% de su muestra tiene la versión larga del fragmento de ADN , y el restante 68% tienen la versión corta, que es la dominante.

Por su parte Dean Hamer y Dennis Murphy (maestro de Lesch) realizaron un estudio a fin de correlacionar sus muestras genéticas con estudios de personalidad hechos a través del 16 Personal Factors Inventary de Catell, (1970) a los mismos sujetos, encontrando resultados significativos entre fragmento de ADN del gen trasportador de serotonina y la evasión de daño, concluyendo que la deficiente trasportación de la serotonina produce ansiedad (Hamer, 1998).

De forma tal que con “dos botones de muestra ”, podemos ver que factores como la ansiedad están relacionados con una disfunción en la producción y captación de un neurotransmisor y que esto se debe, entre otros, a una mutación genética en el transportador de la 5-HTP, lo que ocasiona que la visión del mundo de estas personas, se encuentre sesgada por un temor anormal a que suceda algo malo o, dicho de otra forma, a padecer síntomas o trastornos ansiosos (conductas compulsas, pensamientos obsesivos, temores irracionales, fobias, preocupaciones anormales). Y no olvidemos que el ansioso con frecuencia recurre al cafecito para calmarse, dando así un paso más en la espiral descendiente del devastador remolino que los aparta de su cada vez más nimia salud mental.

En cuanto a el otro “botón ”, el gen receptor de la dopamina D4, el D4DR, nos permite ver que la adicción a la búsqueda de emociones fuertes, tiene un origen genético, que existe una predisposición que sumada a un ambiente social favorecedor (como una cultura de consumo indiscriminado de café y/o tabaco en las familias y sociedad general), nos puede conducir en ésa búsqueda de emociones cada vez más estimulantes para nuestro nucleus accumbens, a el consumo de psicoestimulantes como las llamadas drogas mayores.

 

  ¿Por qué hablar de la cafeína?
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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