Cafeína: un psicoestimulante light, benefactor de adicciones mayores


CONCLUSIONES

El presente trabajo, dentro de su modesta aportación, no pretende abundar sobre la exuberante y docta literatura que explica los mecanismos de la adicción a las drogas o psicoestimulantes, sólo pretende enfatizar el hecho de que al definir al hombre, a la persona humana, como una entidad BIO-SOCIO-PSIQUICA (éste orden en sus componentes corresponde y refiere al origen Filológico y Ontológico del mismo), estamos hablando de una naturaleza trina e indivisible, que nos permite explicar el comportamiento humano -en lo que es dable explicarlo- considerando siempre estos tres inseparables componentes, un regente biológico que responde a la información que como especie tenemos, un regente social que aprendemos de nuestros grupos, tribus, familias o sociedades y un regente psicológico que lidia en la pesquisa de un equilibrio biológico y socialmente sano, en la búsqueda de una salud mental. Así pues, tratar de comprender un comportamiento humano tiene que manar del reconocimiento de su naturaleza trina e indivisible.

Y como hemos pretendido exponer a lo largo del presente trabajo, la cafeína o 1,3,7, trimetil-xantina es una alcaloide que no incrementa capacidad estructural o ergogénicas de los tejidos que impacta en el ser humano, sino que simplemente excita funciones, alterando tanto el talante del sujeto como su fisiología, afectando de forma sumatoria en una serie importante de padecimientos que nos son comunes, e incluso, considerados “enfermedades de la globalización” por el impacto de los cambios culturales en la alimentación: diabetes, osteoporosis, celulitis, acné; su efecto de adición en numerosos trastornos es a partir de la predisposición que la persona tenga a sufrirlos, predisposición que sólo podrá conocer en muchos casos a través de sofisticados estudio genéticos disponibles únicamente en laboratorios experimentales, por lo que es más clínicamente práctico sugerir la reducción o abstención del libado de cafeína en la población.

Socialmente hemos trasformado el consumo de la cafeína como un catalizador de las buenas relaciones y la charla amena, pero claro está, la cafeína no sólo no es menester para socializar, incluso puede afectar la camaradería al alterar el talante de sus consumidores como ha sido demostrado por los expertos a partir de la variedad de sus genes, pudiendo ser la cafeína un estimulante de la ansiedad. El problema es que como lo señalan las estrategias de los productores, del estado y de los académicos interesados en incrementar el consumo per cápita de café en nuestro país, se está haciendo cada vez más fácil su ingesta y artificiosamente transformándose en “necesidad”, compitiendo incluso con bebidas que, si bien no son muy sanas, al menos son menos dañinas.

Lo anterior pareciera encontrar su justificación en el impacto social y económico que el cultivo del café tiene, pero los números del INEGI y SAGARPA nos indican que los productores prácticamente no viven de tal faena, pues resulta que no somos competitivos internacionalmente en la producción de este grano psicoestimulante y en lugar de ver alternativas de cultivos viables y sanos para nuestra sociedad, aplicando a los tan galardonados y doctos recursos humanos en la investigación agropecuaria del país, del indigenismo, de las economías globalizadas y demás considerandos que permitan que ese 80% de productores de origen indígena, con un promedio de dos hectáreas destinadas al cultivo del café y con un ingreso de poco más de un dólar diario, puedan realmente cultivar algo económicamente viable y digno, para elevar juiciosamente el consumo per cápita de los mexicanos de manera más natural y sana, con lo que obviamente propiciarían apego de las familias a su tierra, al obtener justas ganancias por su faena y orgullo por su producto, y dejando de enredar con cartas marcadas su juego de simulación politiquera, que busca retenerles cautivos por generaciones en la cómoda red de una asistencia social que obviamente no consiente desarrollarlos para que alcancen una autonomía ciudadana.

En cuanto al efecto psicológico de la cafeína en la población, considero que la presente revisión nos pone en claro que el consumo de dicho alcaloide es una agresión constante, sutil y cotidiana a la salud física y mental de las personas, y por ende, de las sociedades.

Este peligroso efecto inductor del que se ha venido haciendo referencia, se puede palpar claramente en los drogadictos que se apegan a programas como los grupos AA. (Grupos 24 Horas de Alcohólicos Anónimos) ya que éstos dipsómanos en recuperación o control, entre sus muchos e interesantes cambios, mutan su adicción del alcohol por la del tabaco y muy particularmente a la del café.


Eritis sicut dii (y seréis como dioses).

Resulta interesante observar como los adictos a otras drogas mayores, generalmente no toman el café que se ofrece en sus reuniones, pues refieren abiertamente y en un claro reconocimiento al carácter estimulante y adictivo del café, que éste les “despierta el gusanito ”y por ello prefieren sólo tomar agua. “Miguel”, un drogadicto adherido a un programa AA, al preguntarle puntualmente por su abstinencia a tomar café en las sesiones del grupo, expresa cómo, al hacerlo, rápidamente pasa de la agradable sensación de un cafecito y “empieza a pedirle el cuerpo algo más” a sentir una rara sensación e inquietud que le dificulta mantenerse sobrio, y explica que en el ejido donde él nació y se crió, nadie le suministraba drogas, allá solo tomaba café y se disponía de tabaco, pero al llegar a la ciudad encontró otras sustancias que le hacían sentirse mejor que con el café, al que se encontraba habituado y que considera él, le facilitó su adicción a otras sustancias (inhalantes y marihuana).

Así pues, esta cándida infusión a la que en sus orígenes se amalgamó la magia con la ignorancia para darle propiedades excedidas, hoy podemos verla a la luz de los avances científicos y las investigaciones serias, como una sustancia con un fuerte y negativo impacto sobre la salud de una población tal vez estadísticamente no significativa, pero considero que sí valiosa para ellos mismos, para sus familias, y para la productividad de sus pueblos; pues finalmente el deterioro de la salud como ocurre en el caso de las adicciones, tienen un fuerte impacto en el rendimiento laboral, de tal manera que valdría la pena colocar sobre la balanza, por una parte, la derrama económica de ésta teóricamente pujante industria en nuestro país y en la otra platina los precios directos e indirectos que el consumo del café tiene en la sociedad, tanto de manera franca por el coste de consumo vs valor nutritivo, así como su impacto en la salud y su potente efecto como inductor de adicciones mayores, o tenemos que esperar más daño a los individuos, las familias, las sociedades y su economía para empezar a actuar como en el caso de la nicotina (Ley Antitabaco).

 

  ¿Por qué hablar de la cafeína?
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 




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